Prehistoria y los primeros pobladores
La Prehistoria se define como el periodo anterior a la escritura, extendiéndose hasta alrededor del 3000 a.C. cuando aparecen los primeros sistemas de registro escrito.
Paleolítico
El Paleolítico comenzó hace 2,5 millones de años y se divide en dos fases clave:
- Inferior: bifaces rudimentarios, herramientas de piedra simples.
- Superior: aparición del arte rupestre y del Homo sapiens, con expresiones simbólicas más complejas.
Neolítico y Calcolítico
El Neolítico se caracteriza por la agricultura, la ganadería y la sedentarización, introduciendo la producción de alimentos y asentamientos permanentes. En esta etapa aparecen la piedra pulimentada y la cerámica cardial, herramientas líticas más avanzadas.
La Edad del Bronce sigue al Calcolítico, marcando la transición hacia el uso de metales más duros.
Antigüedad: Tartessos, íberos y colonizaciones
En la península coexistieron dos grupos principales:
- Tartessos: sociedad minera con monarquía, reyes como Argantonio.
- Íberos: poblados fortificados, aristocracia guerrera y ciudades costeras.
Los fenicios aportaron metalurgia del hierro, el torno de alfarero y la escritura alfabética, fundando Gadir (actual Cádiz) y difundiendo técnicas artesanales.
Los griegos introdujeron cultivos esenciales como el vid y el olivo, fundamentales para la dieta mediterránea.
Conquista y romanización
Las guerras púnicas, iniciadas tras el Tratado del Ebro, llevaron a la expansión romana. En 197 a.C. Hispania se dividió en provincias Citerior y Ulterior.
Las provincias romanas principales fueron:
- Bética: sur de la península.
- Tarraconense: noreste.
- Lusitania: oeste.
La economía romana se basó en villas agrícolas, con la tríada mediterránea de trigo, vid y olivo como cultivos principales.
La integración de la población indígena se logró mediante la concesión de ciudadanía, la construcción de calzadas y la aplicación del derecho romano.
Periodo visigodo
La capital visigoda fue Toledo. Los reyes Leovigildo y Recaredo marcaron dos fases distintas: Leovigildo expandió territorialmente el reino, mientras que Recaredo impulsó la conversión al catolicismo en 589.
En 653 se promulgó el Liber Iudiciorum, también conocido como Fuero Juzgo, un código legal que unificó a visigodos e hispanorromanos.
Al-Ándalus y la presencia musulmana
El Emirato Independiente se proclamó en 756, y el Califato de Córdoba comenzó en 929, consolidando una autoridad centralizada que contrastó con la fragmentación posterior de los Reinos de Taifas.
Al-Ándalus destacó por sus avanzadas técnicas de regadío: acequias, norias y albercas, que permitieron una agricultura intensiva. Entre los cultivos introducidos se encuentran el arroz, los cítricos y el algodón.
Los musulmanes eran gobernantes con plenos derechos, mientras que los dhimmis, protegidos no musulmanes, pagaban la chizya, un impuesto especial.
Reconquista y reinos cristianos
La batalla de Covadonga en 722 consolidó el Reino de Asturias, iniciando la resistencia cristiana contra el dominio musulmán.
En la Edad Media surgieron dos modelos de organización política:
- Monarquía castellana: autoridad centralizada, reforzada por el derecho romano.
- Modelo pactista aragonés: poder limitado por fueros y instituciones como la Generalitat.
El modelo de presura, vigente entre los siglos VIII y X, describía una ocupación libre de la tierra durante la repoblación.
Dos formas de repoblación se distinguieron:
- Concejil: otorgamiento de fueros y cartas pueblas (XI‑XII).
- Repartimientos: distribución de tierras a nobles y clérigos (XIII).
Estructura social y crisis
Los estamentos privilegiados en la Edad Media eran la nobleza guerrera y el clero, ambos exentos de impuestos.
La Peste Negra llegó a la península en 1348, provocando una gran mortalidad y cambios demográficos.
En Castilla, la organización conocida como La Mesta impulsó la ganadería ovina, consolidando una importante actividad económica.
Dinastía Trastámara
La dinastía Trastámara tuvo efectos diferenciados en los dos reinos principales:
- Castilla: reforzó el poder real mediante la creación de corregidores y la centralización administrativa.
- Aragón: continuó su expansión mediterránea, manteniendo instituciones propias y una política exterior activa.
Estos procesos sentaron las bases para la unión de los reinos bajo la Corona de Castilla y Aragón, preludio de la España moderna.


