
Teoría de Acción Razonada y sus componentes
La Teoría de Acción Razonada (TAR) , propuesta por Fishbein y Ajzen , es uno de los marcos teóricos más influyentes en la psicología social para predecir y explicar el comportamiento humano.…

En el modelo de expectativa‑valor de la TAR, ¿cómo se calcula la actitud hacia un objeto?
Una creencia inferencial se origina a partir de:
Si dos individuos comparten la misma actitud y norma subjetiva pero actúan de forma distinta, ¿qué explica la diferencia según la TAR?
¿Cuál de las siguientes afirmaciones sobre las variables externas en la TAR es correcta?
En la medición de una conducta simple según Fishbein y Ajzen, ¿cuál de los siguientes elementos NO es necesario especificar?
¿Qué distingue a una creencia normativa de una creencia conductual en la TAR?
Una investigación que busca identificar las creencias sobresalientes en una población debe:
Si una persona percibe que su referencial importante desaprueba una conducta, ¿qué componente de la TAR se ve afectado directamente?
En la ecuación de predicción de la intención (IB = (AB)·w1 + (NS)·w2), ¿qué representa w1?
Introducción a la Teoría de Acción Razonada (TAR)
La Teoría de Acción Razonada (TAR), propuesta por Fishbein y Ajzen, es uno de los marcos teóricos más influyentes en la psicología social para predecir y explicar el comportamiento humano. Su premisa central es que la conducta está determinada por la intención, la cual a su vez depende de dos componentes principales: la actitud hacia la conducta y la norma subjetiva. En este curso desglosaremos cada uno de estos conceptos, sus cálculos, y cómo se aplican en la investigación.
Componentes básicos de la TAR
Intención de comportamiento
Según la TAR, el factor que determina directamente la intención de realizar una conducta es la combinación de:
- La actitud hacia la conducta.
- La norma subjetiva (percepción de la presión social).
Esta afirmación se refleja en la pregunta del quiz: “¿Qué factor determina directamente la intención de realizar una conducta?” La respuesta correcta es “La actitud hacia la conducta y la norma subjetiva”.
Actitud: modelo expectativa‑valor
La actitud se calcula mediante un modelo expectativa‑valor. Cada creencia conductual (b_i) tiene asociada una probabilidad subjetiva (p_i) y una evaluación (e_i). La fórmula es:
Actitud = Σ (p_i × e_i)
Es decir, se suman los productos de la probabilidad subjetiva de cada creencia por su evaluación. Esta operación captura cómo la fuerza de la creencia y su valoración influyen en la actitud global.
Norma subjetiva
La norma subjetiva se compone de creencias normativas (b_j) y evaluaciones de referencia (r_j). Su cálculo es análogo al de la actitud:
Norma subjetiva = Σ (b_j × r_j)
Donde b_j representa la creencia de que personas importantes para el individuo aprueban o desaprueban la conducta, y r_j indica la importancia que el individuo otorga a esas opiniones.
Tipos de creencias en la TAR
Creencias conductuales
Se refieren a la probabilidad percibida de que la conducta produzca ciertos resultados (atributos). Por ejemplo, “Si estudio, mejoraré mis notas”. Estas creencias se obtienen a través de razonamiento probabilístico y pueden ser descriptivas o inferenciales.
Creencias normativas
Se centran en lo que otros piensan que el individuo debe hacer. Por ejemplo, “Mis padres creen que debo estudiar”. La diferencia clave con las creencias conductuales es que las normativas no evalúan atributos del objeto, sino la presión social percibida.
Creencias descriptivas vs. inferenciales
Una creencia inferencial surge a partir de creencias descriptivas y razonamiento probabilístico. Por ejemplo, observar que “Los estudiantes que estudian obtienen buenas notas” (creencia descriptiva) y concluir que “Si estudio, tendré buenas notas” (creencia inferencial).
Peso relativo de los componentes
En la ecuación de intención, los pesos w1 y w2 indican la importancia relativa de la actitud y la norma subjetiva:
Intención = w1·Actitud + w2·Norma subjetiva
Si dos individuos comparten la misma actitud y norma subjetiva pero actúan de forma distinta, la diferencia se explica por los pesos relativos asignados a cada componente. Esto responde a la pregunta del quiz sobre la causa de la variación conductual.
Variables externas y su rol
Las variables externas (por ejemplo, edad, sexo, estatus social) no forman parte de la ecuación central de la TAR. Aunque pueden influir indirectamente, no son determinantes principales de la conducta según el modelo. En la práctica, se consideran como moderadores o factores contextuales que pueden afectar los pesos w1 y w2, pero no sustituyen a las creencias conductuales o normativas.
Diseño de mediciones según Fishbein y Ajzen
Especificidad del comportamiento
Para medir una conducta simple, es esencial especificar:
- El objeto al que se dirige la conducta.
- El tipo de acción (qué se hace).
- El contexto o lugar donde ocurre.
Lo que NO es necesario especificar es el número de repeticiones de la acción. Esta distinción se refleja en la pregunta del quiz donde la respuesta correcta indica que el número de acciones repetidas no es un elemento requerido.
Procedimientos de investigación
Identificación de creencias sobresalientes
Cuando se busca identificar las creencias más relevantes en una población, la estrategia recomendada es:
- Recopilar las creencias más frecuentemente mencionadas mediante una muestra representativa.
Este método permite capturar la diversidad de percepciones sin necesidad de entrevistar a todos los miembros de la población, optimizando recursos y garantizando validez externa.
Aplicaciones prácticas de la TAR
Ejemplo: Promoción de hábitos de estudio
Supongamos que queremos fomentar el hábito de estudio entre universitarios. El proceso sería:
- Identificar creencias conductuales: ¿Qué resultados esperan? (ej. “Mejorar notas”, “Reducir estrés”).
- Evaluar probabilidades y valoraciones de cada creencia.
- Identificar creencias normativas: ¿Qué opinan padres, profesores, compañeros?
- Asignar pesos (w1, w2) según la relevancia percibida en la muestra.
- Calcular la intención y diseñar intervenciones que aumenten la actitud positiva y la presión social favorable.
Este enfoque permite diseñar campañas de comunicación dirigidas y medir su efectividad mediante cuestionarios estructurados.
Conclusión
La Teoría de Acción Razonada ofrece un marco robusto para comprender cómo las actitudes y normas subjetivas, moduladas por pesos relativos, generan intenciones y, finalmente, conductas. Dominar sus componentes –creencias conductuales, normativas, descriptivas e inferenciales– y saber medirlos con precisión es esencial para investigadores y profesionales que buscan influir en comportamientos específicos.
Al aplicar la TAR, recuerde:
- Definir claramente el comportamiento (objeto, acción, contexto).
- Recoger creencias relevantes mediante muestras representativas.
- Calcular actitudes y normas usando el modelo expectativa‑valor.
- Considerar los pesos w1 y w2 como variables que pueden variar entre individuos y contextos.
Con esta base, podrá diseñar investigaciones y estrategias de intervención más efectivas, alineadas con los principios de la psicología social y la teoría de la acción razonada.
